Sobre el proyecto «Yo ante la vida»
Mª Ángeles Noblejas de la Flor, es doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación. Presidenta de la Asociación Española de Logoterapia, directora de la Revista NOUS y especialista en el sentido de la vida según la terapia del Dr. Viktor Frankl. Es Investigadora principal del proyecto “Yo ante la vida” de la Fundación Belén.
En los dos últimos años la Fundación Belén ha detectado en consultas un incremento de familias con hijos autolesionados. Comprobando los datos del Instituto Nacional de Estadística, las cifras son abrumadoras. En los últimos diez años, el número de muertes por suicidio en España se ha incrementado un 20%. Sin embargo, la franja de edad entre los 15 y los 19 años es la que ha sufrido mayor incremento, en torno al 47%. Como respuesta asertiva la fundación Belén ha realizado una encuesta entre setecientos adolescentes de bachillerato y formación profesional en la Comunidad de Madrid, sobre su sentido de la vida. Entrevistamos a la Dra Noblejas sobre los resultados.
¿Qué importancia social tiene la relación entre el sentido de la vida y la depresión?
La investigación realizada dentro del Proyecto ‘Yo ante la vida’ de la Fundación Belén, con la colaboración de la Asociación Española de Logoterapia y la Fundación Jérôme Lejeune, nos aporta una fotografía de un grupo grande de jóvenes que muestra cómo están en la percepción de su sentido de la vida y de su riesgo de depresión.
Atendiendo a los datos recogidos podemos decir que a mayor sentido en la vida, menor nivel en los indicadores de depresión (relación estadísticamente significativa) y viceversa.
Este conocimiento de la realidad supone una llamada a ayudar a los jóvenes a responder a la vida (la vida siempre nos hace preguntas, lo queramos o no) desde el anhelo profundo del ser humano por encontrar y realizar el sentido que tiene cada momento, cada situación.
Podemos tener todas las necesidades básicas cubiertas, pero si queda sin respuesta la cuestión del sentido en la vida surge el vacío existencial y los peligros asociados para nuestra salud mental.
¿Cómo encuentra cada persona el sentido de la vida?
El sentido se descubre. Es una respuesta personal y no se puede inventar, hay que buscarla. Encontrar y realizar el sentido en la vida implica ver “eso necesario” que mis talentos pueden poner en el mundo. El sentido del momento es un bien acorde al talento y al momento, o dicho de otra forma, ajustado a la persona y a la situación.
La esencia de la existencia humana es salir de uno mismo, ir al encuentro del otro que me necesita y del mundo, de una persona a la que amar o una causa a la que servir, y yo siento que tengo algo que aportar. Todos tenemos alguna posibilidad y capacidad para hacer algo en favor de otro u otros; todos tenemos nuestros talentos. Encontrarlos también implica un proceso de autoconocimiento. Además, he de mirar fuera de mí, para poder descubrir qué puedo poner en el mundo que cubra alguna necesidad, que suponga una aportación que solo yo puedo hacer, o que sólo yo puedo hacer en ese momento.
¿Cuáles son las fuentes del sentido?
Cada persona tiene sus fuentes de sentido, que descubre al salir de sí y observar el mundo y la vida, enfrentándose a las necesidades y el sufrimiento del otro.
En la encuesta realizada preguntamos por ello, qué era lo que daba sentido a sus vidas. El análisis de las contestaciones, que eran de respuesta libre, indicó que las más frecuentes son la familia y los amigos, seguidas de las relaciones, en general, y orientación al futuro. También están las creencias, las experiencias en viajes y naturaleza, el deporte… En cualquier caso, en todas vemos que la persona no se está centrando en sí misma, sino que está en relación con otro/s, con algo que no es uno mismo. Implican salir de uno mismo, entregarse a algo o alguien.
¿Cree que es necesario hablar sobre el sentido de la vida?
Si hay que hablar, poner de manifiesto, que los seres humanos nos hacemos este tipo de preguntas y debemos afrontarlas. No es un síntoma de neurosis, como diría Freud, o “comedura de coco”, como podríamos decir coloquialmente, sino un cuestionamiento humano en el que se juega una vida digna y saludable.
No hablar implica seguir favoreciendo lo que Frankl llamaba la neurosis colectiva, unas actitudes sociales, mantenidas de forma generalizada por las personas de forma que constituyen corrientes sociales que favorecen el vacío existencial de las personas. Las actitudes sociales generadoras de vacío, apuntadas por Frankl, son la actitud provisional ante la vida, el conformismo, el fatalismo y el fanatismo. El vacío existencial es un caldo de cultivo para la aparición de problemas de salud mental y de fenómenos sociales como la depresión, la adicción y la agresión (todos ellos en contra de la vida).
¿Qué se puede entender como “sentido”?
El sentido es la respuesta ajustada a la pregunta que la vida nos hace en cada momento y situación y que solo yo puedo dar.
El sentido no es algo que inventamos nosotros mismos, sino que el sentido está fuera de nosotros mismos y nos llama. No es una apetencia, no es lo que a mí subjetivamente me gustaría.
Cada situación que encontramos en la vida ya es una pregunta con sentido. A veces tenemos problemas para decodificarla correctamente. Por ejemplo, ante un jeroglífico, no podemos inventarnos lo que quiere decir. Ningún arqueólogo puede decidir “esto significa esto o aquello” sin una justificación real; sería una tontería; ha de descubrirlo. Igual pasa con el sentido: ni se crea, ni se inventa, ni se da. Es objetivo, no es arbitrario, y tampoco queremos que sea incorrecto. Es mi conciencia personal la que lo descubre. El sentido siempre se relaciona con un valor.
En cierto modo el sentido de la vida implica unir dos “polos”: el polo del anhelo humano de encontrar sentido (la voluntad de sentido) y el polo de algo objetivo que es valioso desear (los valores). La voluntad se enciende ante lo que se valora y la persona comienza a avanzar hacia esta meta de poner eso valioso en el mundo.
¿Todos podemos encontrar sentido?
Sí. Viktor Frankl afirmaba (incluso desde su experiencia en los campos de concentración del nazismo) que la vida siempre tiene sentido en cualquier circunstancia por extrema que sea. Nosotros sólo tenemos que escuchar las llamadas de la vida y dar la mejor respuesta posible. Pero no es abstracto, es algo muy concreto de la vida, es hablar con un amigo, interesarse por cómo está, como se siente, qué le duele…; el que pregunta, el que visita al amigo enfermo, estará realizando y experimentando el sentido.
Estos detalles pequeños, que la vida misma te pide, tienen un “eco afectivo”, que te hace sentir bien. Sin embargo, si actúas pensando sólo en ese “eco afectivo”, el foco estará en ti mismo, y te pierdes lo esencial, el sentido; en realidad te alejas de él. Te sientes vacío porque solo estás en ti mismo buscando una satisfacción personal. La puerta de la felicidad siempre se abre hacia fuera (como nos diría Kierkegaard), no hacia adentro.
¿Qué pueden hacer los padres por fomentar una vida con sentido en los hijos?
Para favorecer la búsqueda de sentido, hemos de fomentar el descubrimiento personal de valores cultivando una conciencia con sensibilidad; eso permitirá ver y valorar las posibilidades que nos ofrece la vida. También es esencial educar para la responsabilidad; la responsabilidad en la otra cara de la libertad, son inseparables.
Ofrecer experiencias con valores de tal forma que el hijo experimente si eso que está haciendo, que está viviendo, activa su voluntad de sentido. Intentar ser coherentes con los propios valores y mostrar como esos valores han de realizarse en la vida cuando tu conciencia los descubre y reconoce.
¿Y desde los centros escolares como se puede promover el sentido?
Los centros escolares tienen que preparar para la vida. Los contenidos ya están en el currículo, pero el profesor ha de enseñar al alumno a relacionarse con ellos para encontrar la verdad y para reconocer los contenidos del sentido que les resuenan. Ayudar al objeto de valor a brillar y hacerse visible. Por ejemplo, un profesor que ama la historia puede transmitir el valor de las aportaciones de unas generaciones a otras, que puede resonar en algunos alumnos.
Por otro lado, los centros han de ayudar a los alumnos al reconocimiento de los propios talentos, a valorarlos, y a experimentar que cada persona es única e irrepetible y que el mundo se empobrece si no realizan su aportación, si no ponen en él lo que solo ellos pueden dar.
Lo esencial es una ponderación sólida y razonable de las posibilidades, contando con las propias capacidades y con la aceptación de los puntos que son más débiles y la postura constructiva a adoptar a partir de ellos. Esta ponderación ha de ser realista, con la confianza puesta en que siempre es posible continuar dando pasos, creciendo…, y respetuosa de las decisiones personales.
¿Sobre las redes sociales?
Esta es una pregunta de gran actualidad, amplitud e implicaciones muy diversas. Aquí podría destacar que el uso de las redes por parte de los jóvenes constituye un gran reto actual. Lo que más domina en las propuestas sociales para el uso de las redes sociales es “ponerse en el escaparate”. Se busca el gustar, el recibir aplausos, likes…, pero esto no favorece la sinceridad, la autenticidad o la expresión personal genuina, que me responsabiliza de mi decisión de presentar a los amigos contenidos de sentido con los que me comprometo. Por el contrario, pueden llegar a comprometer seriamente la salud mental, la estabilidad y autonomía personal, resultando, por ejemplo, dependencias emocionales o control insano del otro (por ejemplo a través de conexiones de los amigos y todos se saben dónde están cada uno).
Por otra parte, y con los controles de tiempo y tipo de uso necesarios, pueden ser un canal de información y valoración de la realidad más afín a las características de los jóvenes actuales. También un modo de expresión de sus valores y posiciones vitales. Así pudo hacerlo Carlo Acutis, recientemente canonizado.

