Editorial noviembre 25

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Somos todos

Mirar la realidad social de cerca, con atención, es acercarse a la verdad como afirma Julián Marías. Aunque la digitalización, las pantallas, los hábitos de compra compulsivos, la velocidad de consumo y los deseos de “gratificación inmediata” están impactando en los adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes a socializar menos y ausentarse más de la cruda realidad, el voluntariado social aumenta.

Más de 4 millones de personas en España trabajan o son voluntarias en más de 28.000 ONG que realizan cerca de 47 millones de intervenciones directas al año. En los últimos 25 años, el sector no lucrativo ha demostrado ser un motor de transformación social en España. Uno, pero no el único. Todos y cada uno de los sectores lucrativos, industrial, agrícola, comercial, médico, artístico, de servicios, forman igualmente parte esencial y responsable de nuestra sociedad.

Pero poco se habla del voluntariado. Razón por la cual, desde la Fundación Botín y en colaboración con la Plataforma del Tercer Sector, junto a más de 450 ONG de la Red Talento Solidario y el apoyo de la Fundación Atresmedia, el grupo Prisa Media, la Cadena Ser, El Español y JCDecaux, entre otros, están impulsando desde hoy una campaña para dar visibilidad al sector social, bajo el eslogan “Somos Nadie”. Es impactante publicitariamente y muy comercial.  Desde la Fundación Belén, en la cual todos somos voluntarios, les deseamos éxito.

Pero no es verdad, la sociedad somos todos. Tanto si somos voluntarios en una ONG, como si trabajamos en una empresa, estamos todos insertados en nuestro mar social en el cual, cada persona como náufrago, intenta sobrevivir braceando, encontrando un sentido a su vida.

En la sesión plenaria del último Congreso Nacional de Psiquiatría, en Zaragoza, el ponente Doctor Diego Gracia afirmó, que la deliberación es el método para gestionar la incertidumbre y tomar decisiones que serán prudentes o imprudentes. Eso es lo que significa la definición del hombre como animal deliberante. El saber asumir la incertidumbre sin angustia. Aprender a deliberar es necesario y saludable. Sobre todo, en salud mental.