El reto es necesario

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Tal vez Jürgen Habermas no hubiera alcanzado la talla intelectual conseguida a lo largo de sus 96 años, muy reconocida en vida y tras su reciente muerte, si no hubiera padecido en su infancia el estigma físico de una boca deforme.

Habermas nació en  1929 con el paladar hendido, fue sometido dos veces a una cirugía correctiva durante su infancia. Afirmaba que su discapacidad del habla le hizo pensar de manera diferente sobre la importancia de la dependencia y la comunicación.

En 1986, recibió el Premio Gottfried Wilhelm Leibniz de la Deutsche Forschungsgemeinschaft, considerado como la máxima distinción en el ámbito alemán de investigación. En 2001 obtuvo el Premio de la Paz que conceden los libreros alemanes y en 2003, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por España. Fue doctor honoris causa por las universidades de Jerusalén, Buenos Aires, Hamburgo, Northwestern University Evanston, Utrecht, Tel Aviv, Atenas y la New School for Social Research de Nueva York, así como miembro de la Academia Alemana de la Lengua y la Poesía.

Triunfó en vida. Porque es en la adversidad cuando nos definimos como persona. Ya tengas diez años o setenta, el reto es superar esa concreta dificultad que te asalta, como forma de autoconstrucción.

“Tu mismo te has forjado tu ventura”, decía Cervantes. Y decía bien, hoy es una premisa comprobada y asumida tanto en el mundo del deporte, como en el mundo empresarial o el universitario. Vale quien sabe perder y aprender de la derrota sin venirse abajo. Vale quien se forja con los baños requeridos del fuego al agua. En precisa la temperatura y presión para cristalizar el carbón en diamante. Autoconstruirse a través de las dificultades es la meta. Y nuestra campeonísima Teresa Perales afirma “las dificultades me han ayudado a ser quien soy»

Habermas sufrió de niño en la escuela acoso, como todo niño o adolescente conoce si sobresale de la media/media, ya sea por inteligencia, o por estatura, o sobrepeso, o cualquier condición física notable. Ay de quien cojea, o es tímido, o se sonroja con facilidad.

Demóstenes, el modelo de orador desde hace siglos, era tartamudo y se llenaba la boca de piedras para hablar más alto que el ruido del mar, mientras paseaba por la playa. Aprendió bien. No es preciso llenarse la boca de piedras, pero si es fundamental saltar sobre la dificultad

Esa falta de empatía personal y social que está de moda, y provoca tanto dolor, es hoy sobre alimentada por las redes sociales necias y adictivas,  que propugnan una perfección inexistente y niegan la rica realidad vital de que cada quien es único e irrepetible.  No cabe otra respuesta más que aprender a saltar sobre la adversidad y autotrascender.  Aprender a construirse alas y volar más alto y llagar más lejos que nunca nadie consiguió, al estilo Habermas.