Editorial abril 26

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YENDO

 

Entre los cero y los cuatro años había en España en 2025 un millón y medio de niños y con más de 90  años 670.612 ancianos. Históricamente, nunca tantas generaciones habían compartido tanto tiempo. Abuelos, padres, hijos e incluso bisabuelos conviven durante décadas, no como excepción, sino como parte habitual de la sociedad. En medio la mayor aventura humana una vida por vivir. Yendo.

Me encanta el gerundio, indica movimiento en el verbo: leyendo, corriendo, hablando, escuchando, sintiendo, gozando, yendo.

Tengas la edad que tengas lector, sí es bueno tener a diario algo que hacer, alguien con quien hablar, un lugar al que ir y una cierta expectativa. Haciendo, construimos nuestra vida.  No  vivir solo soñando o recordando lo que fue, ni esperando lo que puede no llegar. Es preciso seguir caminando día a día, año tras año trabajando, queriendo, yendo.

Hay quien piensa que vivir bien es una cuestión de hacerlo todo correctamente: comer mejor, moverse más, dormir bien, controlar el estrés, anticiparse. Como si vivir bien fuera una especie de examen que hay que aprobar. Y no es así.

Ya tengas pocos años o muchos, si existe un elemento radical en nuestra vida, el vínculo. Un vínculo es una unión, o atadura que puede ser física, emocional o espiritual, entre personas, cosas y conceptos. Es una conexión esencial para la interacción social y la afectividad. Un vínculo fuerte sería el que se suele formar entre madre-hijo tras el nacimiento. Con los años ese vínculo se va ampliando en otras formas, como el  juego, el trabajo, el amor, la familia, el grupo, la comunidad…

Crecer, se entiende, es ganar en independencia, conocimiento, fortaleza, bienes,  horizonte. Claro que al ir yendo por la vida van apareciendo enfermedades, pérdidas, soledad, cansancio, limitaciones físicas.  Pero vivir muchos años debe ser también quedarse. Quedarse en el mundo, en los otros, en lo que todavía puede pasar. Continuar yendo¡¡¡