¿A qué te dedicas?

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Me dedico a cuidar a mi madre, que está enferma. Me dedico a cuidar de mi hijo que se ha roto las dos piernas. Pues ahora ayudo en la parroquia. Yo soy voluntario en Caritas.

«¿Y ahora, a qué te dedicas?». La pregunta es inmediata en cuanto alguien se jubila, pierde un empleo o reduce su actividad profesional. Parece casual, pero revela hasta qué punto convertimos el trabajo remunerado en explicación sobre quiénes somos y cuánto valemos.

Es preciso publicar el derecho a ser útil, sin ser productivo. Aún mejor, mostrar y explicar que se puede ser muy productivo sin ser remunerado. Dejo a su experiencia vital la verdad inversa, que muchos remunerados no son en verdad nada productivos.

¿Qué se entiende por producir socialmente? Cooperar en la comunidad.  La mayor parte de lo que sostiene la vida común ocurre fuera del mercado: escuchar, acompañar, cuidar, transmitir experiencias, enriquecer sentidos o advertir dificultades, tanto como un árbol caído o que un vecino necesita ayuda, son aportaciones reales. Aunque no generen ingresos ni puedan medirse en horas facturadas.

Defender el derecho a ser útil sin ser remunerado significa ampliar nuestra idea de contribución. Y exige una precisión esencial: la dignidad de una persona tampoco depende de que consiga demostrar su utilidad. Reconocer las actividades que aportamos a la sociedad debe abrir posibilidades de participación, nunca imponer nuevas obligaciones.