La cuesta de septiembre

Editorial septiembre 2025

Se habla siempre de la cuesta de enero, del esfuerzo por iniciar el año. Pero no es la única. A la vuelta del verano también se levanta una cuesta importante, la de septiembre: empezar el curso escolar, volver al trabajo diario, fin de las vacaciones.

Empezar siempre cuesta. El primer paso es el más complicado de realizar. Sin ganas es muy difícil, sin calentar el cuerpo previamente, casi imposible. Sin embargo, todo curso tiene su primera clase, todo viaje su primer día, toda carta su primera palabra y todo otoño su inicial hoja caida.

¿Cómo hacer ganas? Los psicólogos, los educadores y los entrenadores de deporte hablan de la fuerza de voluntad como motor de arranque, en cambio, los poetas y los filósofos (que a veces son la misma persona) hablan del deseo como causa inicial de todo movimiento. En el fondo tienen razón los poetas/filósofos, porque para tener fuerza de voluntad hay que previamente desearla.

La fuerza de voluntad cada quien se la fabrica acto a acto o sacrificio tras sacrificio, porque nunca viene de nacimiento. Es más, nacemos en absoluta pobreza, en carencia total de voluntad y de fuerza. Pero si nacemos con deseos. El bebé desea amor y comer y dormir y estar cómodo; desea no sentir frio ni calor ni humedades. Desea además el bebé -todos los bebés que han nacido en el mundo- ser atendido, respondido, acariciado, acunado, mimado por los demás… Pero la inteligencia del bebé crece rápidamente y detecta que no todos sus deseos son colmados. Que tiene que hacer algo más para conseguir satisfacerlos. Algo que requiere fuerza y voluntad para cambiar lo que incomoda a sus deseos.

Resumiendo, que para empezar bien septiembre hace falta desear subir la cuesta.