Talleres de pintura abstracta del pintor Emilio Vieites

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Quien es Emilio Vieites

Hay una vida dedicada a resucitarme a mí mismo a través del arte, no por complacencia estética, que me interesa poco, más bien existe una búsqueda permanente entre la ética y la estética que define toda mi trayectoria. Un artista que llaman ahora comprometido. Pero más allá de las etiquetas y la necesidad de mostrar una idea que me defina, yo comencé mi trabajo en arte mostrando la voz de los olvidados, de aquellos seres inocentes sin patria, inefables para los poetas, niños soldados que el fotógrafo Gervasio Sánchez  supo captar con una sonrisa en un campo de batalla.

Ha sido tan silenciosa mi vida que apenas he tenido tiempo de mostrar mi obra abstracta, sobre todo la de los últimos años, aquella que sinteticé en el libro “Chamanes” publicado en octubre de 2020 como un homenaje a las cosas sencillas, y aquellas personas valiosas que permanece en la penumbra.

Mis proyectos sociales relacionados con el arte les tengo el suficiente respeto para quedarme solo con el recuerdo de aquellos seres que me demostraron que los verdaderos artistas nunca saben que lo son. No me interesa demasiado el mundo actual del arte, me quedo solo con la faceta de investigación y la necesidad de compartir mi conocimiento del arte abstracto con colectivos, asociaciones o instituciones a los que pueda ser de alguna utilidad.

¿Cómo se forjó tu vocación de pintor?

Se podría malinterpretar que yo sea pintor, ni siquiera artista, más bien encontré una manera de expresarme, con la misma prontitud con la que los niños juegan con las sensaciones o la plasticidad de los objetos.

Recuerdo desde muy pequeño visitar el Museo del Prado, y otros museos de arte moderno a los que sentía gran fascinación. Pero créame si la digo que mezclo los colores por pura intuición y desconozco el nombre de los pigmentos.

Sin embargo comencé haciendo retratos directamente y en muy poco tiempo ya estaba exponiendo en Estados Unidos, donde mostré una colección del 11S en Nueva York que luego se expusiera en España en el MUBAM. Fue ahí donde la vocación o la invocación de mi pintura comenzaría realmente. Hay pocas cosas que impacten más que estar en la zona cero, y yo estuve allí a las dos de la mañana con todas las sirenas.

¿Por qué elegiste como tema de creatividad el arte abstracto?

Como decía mi buen amigo Marius Domingo, crítico y periodista internacional de arte, en palabras de Dore Asthon, la abstracción es una lingua franca reservada para los que están dispuestos a explorar la propia naturaleza de la percepción, sin barreras y con la libertad que confiere la capacidad de sorpresa.

Yo llegué a la abstracción a través de un continuo aprendizaje de la figuración, de manera natural se produjo la transición hacia una pintura abstracta esencial, depurada y desprovista de toda carga narrativa. Vaciando la inocua retórica que podía desvirtuar lo que realmente buscaba.

Esa esencialidad, ese simbolismo ya lo encontramos en los primitivos. La sociedad moderna ha ido tecnificándose y alejándose de la vida, convirtiéndose en un mero artificio. Mi pintura abstracta en la actualidad se ha sumergido en lo ancestral, en lo atávico, lo permanente, la esencia.

Mi arte es de alguna manera un intento de humanización de la sociedad y del hombre.

¿Cómo se te ocurrió la idea de fomentar la pintura en personas enganchas en la droga?

En realidad, intento fomentar el arte creativo en una diversidad de colectivos a los que puedan darse las circunstancias para realizar este tipo de talleres, que requieren un grado de especialización y de necesidades para que puedan dar sus frutos. La experiencia con la asociación Proyecto Hombre fue realmente intensa y más bien fruto del azar. Los usuarios de estos colectivos con drogodependencias tienen una energía enorme y una necesidad imperiosa de canalizar emociones. Pero a mí no me interesa solo el hecho de que la externalicen en estos talleres, sino que lo hagan de una manera productiva, siendo ellos consciente de lo que están haciendo en todo momento. Desde luego los talleres comienzan mostrándoles, no sólo las técnicas de creación, sino la naturaleza, el trasfondo, incluso histórico que hay detrás de todo ese tipo de pintura.

Los usuarios de mis talleres desde luego no tienen un perfil común, cuando trabajas con personas, no me interesa saber por qué están ahí si no es necesario, las circunstancias cambian en la vida y los retos son para todos. Precisamente por eso es fascinante encontrarte, como lo he hecho yo, con niños, incapaces de hablar y en una silla de ruedas, realizar obras abstractas de una intensidad y una calidad artística fuera de lo común.

 ¿Qué novedad educativa aportan tus talleres?

Estos talleres comprometen al usuario de tal manera que se responsabiliza de su propia obra. No existe un espacio para el entretenimiento, entendido como un pasatiempo fugaz. Hay un grado de intensidad necesario y progresivo para implicarlos a nivel emocional en todos los pasos. No solo ven crecer sus obras, sino que son conscientes, con una cierta distancia de sí mismos de lo que son capaces de crear. No como un juego plástico, caótico o deslumbrante, donde se juega con el material, sino con un compromiso real y compartido con los demás participantes, que se expresan en muchas ocasiones como una sola voz.

Esto sucede en todos los casos. Se produce un compromiso de grupo, no existen las individualidades como competencia, el éxito de sus trabajos es de todos. Esto llega a un nivel de sintonía tal, que entre ellos mismos se riñen cariñosamente cuando se desequilibra el cuadro, y yo prácticamente dejo de existir en ese grupo.

Es fundamental que antes de comenzar tengan un conocimiento de algunos artistas y de sus obras claves, no dudo en mostrarles creaciones de Anselm Kiefer o Gerhard Richter. Sobre todo, porque cuando los participantes empiezan a crear sus primeros cuadros se ven reflejados en muchos sentidos como verdaderos artistas, con todo el bagaje crítico que eso supone como creadores noveles.

En la primera sesión les hablo de las técnicas que yo mismo utilizo en mis cuadros, y que les muestro, algunos de gran formato, para ser usadas posteriormente sin descartar ninguna de ellas en el taller de arte. Una de las claves de estas actividades es manejar arte matérico y herramientas que de alguna manera implique la construcción física de la obra abstracta final, que es en realidad una escultura. Este tipo de materiales, como papel o arena que van incorporando a sus creaciones, les transmite una libertad inicial necesaria para generar en ellos seguridad y una aptitud participativa, hasta llegar al uso más preciso del pincel, que requiere otro tipo de concentración.

La experiencia final se sintetiza en dos aspectos claves: el compromiso de ellos por el éxito del taller y la percepción de haber construido algo que parecía imposible.

La realización posterior de una exposición pública de las obras, poniéndolas en valor, culmina el trabajo del taller de arte creativo, en la que en realidad solo soy un mero mediador de sus propias iniciativas, donde el sentido de grupo y la responsabilidad de los trabajos se asumen no como una actividad educativa, sino como una experiencia emocional que es en realidad educativa.

¿Por qué has implicado a las asociaciones en tus talleres?

Estos talleres de arte no se pueden realizar con todo su potencial si no existe el compromiso de una asociación o institución que se responsabilice del espacio adecuado, de los materiales necesarios y del apoyo de voluntarios que puedan ayudar durante todas las sesiones del taller cuando hay un grupo numeroso. Precisamente por el grado de intensidad de estas actividades no podemos preocuparnos por cualquier circunstancia técnica que ralentice la dinámica y la concentración necesaria.

Por poner un ejemplo, hemos llegado a realizar un cuadro abstracto de dos metros en el hospital Santa Lucia de Cartagena, en la unidad de Oncohematologia con el apoyo de la Fundación FADE, y lo hemos hecho en la sala de espera de los familiares. Es muy difícil imaginar ese nivel de compromiso, de todo el equipo de voluntarios, enfermeras, médicos y del propio gerente del hospital para conseguir hacer un cuadro como aquel que llamamos “GÉNESIS”, y a los que yo invito a que vean expuesto en esa misma sala. ¡Es para estar orgulloso de lo que hicieron! Pero eso sería imposible llevarlo a cabo sin un apoyo claro y rotundo de una institución hospitalaria, en colaboración con una fundación, donde en realidad yo soy el más prescindible.

Puedes contarnos tus planes futuros

Mi trabajo en arte está centrado en la búsqueda de un nuevo lenguaje abstracto, algo que ya el crítico de arte Alfonso de la Torre hacía mención en 2019 como prólogo de mi libro anterior “La voz de tu pincel” al que acompañaban escritos de Alberto Chessa.

La continuación de la colección primitiva y la publicación de “Chamanes”, que pueden consultar en MNCARS está dando paso a una serie de cuadros como futuro inmediato, a los que llamo “externarios”, con ese mismo nombre con el que Vicente Aleixandre nombrara al poeta Federico García Lorca: un ser externario, aquel que emerge de la oscuridad con un mensaje, con un propósito.

Son épocas de incertidumbre y de cambios globales, todo este tipo de creaciones que emergen de una pandemia mundial, no son más que un apéndice de mi trabajo que comenzó con el 11 S de Nueva York, y que se había adentrado de una manera natural en una época de entreguerras, en las que me alimenté de autores como Jean Fautrier, padre del informalismo francés con su colección “Rehenes”, como tributo a las mujeres torturadas por el nazismo. Debería haber comenzado diciendo que firmo mis obras como eva, no solo por ser el acrónimo de mi nombre, sino como homenaje a la importancia de la mujer en mi vida y en toda mi obra. Por cierto, fue una mujer; Hilma af Klint quien comenzara el arte abstracto en Europa y posiblemente en el mundo moderno.

Hay en todo mi presente una esperanza de reconstrucción, la hay también en mi obra, cuyo futuro, espero esté centrada en aportar creaciones que vinculen la recuperación del ser humano y su capacidad de asombrarse a sí mismo.