Arte psicológico

El estallido de la personalidad a través del pincel

El Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos (Madrid), dedicado a la Atención Integral de Salud Mental y a las Personas con Discapacidad, atiende a más de mil personas en la actualidad. Algunas de ellas han elegido formar parte de los talleres de pintura y escultura, entre ellos Enrique González-Vigil. Entramos en un mundo en el que el Arte deja de ser preventivo o curativo, y pasa a ser una pulsión de vida y una comunicación profunda del Ser humano.

Obra de Enrique Gonzalez  Vigil 2

El Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos, dedicado a la Atención Integral de Salud Mental y a las Personas con Discapacidad conforma una población en sí misma, un pueblo dentro de otro pueblo. Es invierno pero el sol consigue calentar al que se atreve a salir fuera: personas paseando, equipos de jardinería formados por los propios pacientes del centro, y Ángel (Coordinador de los Talleres Laborales y Ocupacionales, Jardinería y Granja Escuela), que nos va explicando las reglas, tareas y protocolos de esta mini sociedad.

Ángel nos presenta a Enrique González-Vigil (58 años), que nos espera en el Taller de pintura, casi su segunda casa en este centro. “Todo arte es autobiográfico” decía Federico Fellini, así que preguntamos a González-Vigil por su trayectoria. Pintor autodidacta desde niño, empezó a estudiar Derecho y terminó estudiando Periodismo. Su interés innato por el Arte, la revisión bibliográfica, las exposiciones y las sesiones de pintura con modelo al natural en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, fueron fraguando a fuego lento una pasión que llegaría a salvarle del caos. Cuando Enrique describe su trayectoria me acuerdo de la frase de Machado “Para qué llamar caminos a los surcos del azar”: El azar ha llevado a Enrique a una inestabilidad que le ha acompañado hasta ahora. Detrás de una gran sonrisa, facilidad de palabra y algo de provocación, Enrique nos cuenta: “He pintado las paredes de mi casa y los suelos de algún hospital…Me gusta desahogarme pintando”.

Paisaje, de Enrique Gonzalez  VigilLa obra de Enrique remueve: reinterpretaciones de Saturno devorando a un hijo y Los Fusilamientos del 3 de Mayo de Goya, paisajes con cielos multicolores, algunos de ellos holocausticos y otras obras más cálidas y abstractas. Enrique describe su obra con una hermosa contundencia “¿Cómo describiría mi propia obra? Como un estallido de personalidad puesto en un pincel, una fantasía hecha realidad a punta y porrazo. He tardado en llegar a esto toda la vida”. Su arte no busca reconocimiento ni conflicto con el arte oficial. Es, como el Art Brut, un “arte sin querer”.

Enrique encuentra inspiración en sus vivencias y recuerdos, en su estado del ánimo, en Goya, Picasso, Van Gogh y en los dibujos infantiles “Me gusta ver los dibujos de los niños: son muy sinceros y espontáneos. Y a ellos les encantan mis cuadros: recuerdo cómo pintando un día en plena calle en Chueca (barrio madrileño) se hizo un corrillo de niños alrededor de mis cuadros: fue muy divertido”. Ah, esos tiempos de pintura al aire libre y fuera de estas paredes…

Dejamos a Enrique rumiando una nostalgia que solo la pintura alivia, y entramos en el taller de escultura, donde Antonio, el encargado del taller, nos recibe con un optimismo contagioso y nos enseña con orgullo el resultado de muchas horas de taller: botijos, ensaladeras, cuencos, ceniceros e incluso alfombras, que se ponen a la venta cada jueves en el mercado de Ciempozuelos. Lo recaudado se reinvierte en el taller de cerámica y en sus artistas. Este taller, además a ayudar a serenar a los pacientes, les involucra en actividades bien reconocidas socialmente: han participado varias veces en la feria de alfarería y cerámica “Alfaranjuez” (en Aranjuez, Madrid) y han creado impresionantes carrozas para el Carnaval de Ciempozuelos que se celebra cada año en el pueblo que rodea su propio pueblo.

Una de las Obras de Enrique Gonzalez  Vigil

Cuando se cultiva una afición tan liberadora y versátil como la pintura o la escultura, los surcos del azar de Machado resultan más fáciles de sobrellevar. A estos talleres acuden todos aquellos que deseen pasar un tiempo en soledad: el centro proporciona el material y ellos gritan a través de sus creaciones.

Marga Gutiérrez del Arroyo
Psicóloga

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.