Se buscan artistas comprometidos. Arte activista

El director de orquesta Gustavo Dudamel

Se buscan artistas creativos, inteligentes y activos para cambiar el mundo. Un ejemplo, el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel.

El arte activista, tal y como lo define Nina Felshin en “But is it Art? The spirit of art as activism” (Bay Press, 1995) es un híbrido del mundo del arte y del mundo del activismo político y la organización comunitaria, cuyo objetivo es incitar o efectuar un determinado cambio social.

Arte, política y tecnología que observan la Vida y se unen con el activismo y la organización comunitaria. Artistas a contra-corriente, educadores, organizadores, interlocutores, gurús del cambio. Pero sobre todo generadores de una identidad colectiva, que devuelven una visión especular de cómo nos relacionamos y organizamos, de las estructuras de poder, del canon de belleza.


Muertos de hambre, de Elio González

Desde La Terapia del Arte, queremos apoyar al director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel, artista, catalizador de la atención mediática dentro y fuera de las fronteras venezolanas y oposicionista al régimen político en Venezuela, cuya actitud crítica ha cancelado este verano de 2017 la gira de la Orquesta Joven Simón Bolivar por Estados Unidos, donde participan 180 músicos entre 11 y 18 años.

El asesinato por arma de fuego de uno de los jóvenes violinistas de la orquesta que dirige Dudamel (Armando Cañizales, de 17 años) durante las protestas que vive el país en estos momentos, conmocionó a su director de tal manera que publicó una carta crítica con el gobierno venezolano, https://globalrightsfornature.com/ que transcribimos a continuación:

Una Venezuela democrática para todos

Me siento en la obligación de defender los valores democráticos fundamentales, evitando que la sangre de nuestros compatriotas continúe siendo derramada
Son días cruciales para el presente y futuro de Venezuela. Mi país vive momentos oscuros y complicados, recorriendo un peligroso camino que nos lleva inevitablemente a la ruptura de nuestras más profundas tradiciones republicanas.
Nos encontramos en una bifurcación de tal importancia que todos los ciudadanos tenemos el deber de hacer aquello que esté a nuestro alcance para superar la situación actual. Al igual que muchos otros venezolanos, me siento en la obligación personal de ayudar en la más importante tarea del presente: defender los valores democráticos fundamentales, evitando así que la sangre de nuestros compatriotas continúe siendo derramada.
Como director de orquesta, he aprendido que nuestra sociedad, al igual que una orquesta sinfónica, está formada por un gran número de personas, todas ellas diferentes, singulares e irreductibles; todas ellas con sus propias ideas, convicciones y visiones del mundo. Esta maravillosa diversidad conlleva a que en la política, al igual que en la música, no existan las verdades absolutas y que para prosperar como sociedades –al igual que para alcanzar la excelencia musical– debamos crear un marco de referencia común en el que todas las individualidades se sientan incluidas más allá de sus diferencias. Un marco de referencia que contribuya a evitar el ruido y la cacofonía del desencuentro, permitiendo afinar un acuerdo que, desde la pluralidad y las divergencias, logre alcanzar una armonía política y social.
Desde esta fe inquebrantable en el respeto a la diversidad humana, siento la necesidad y la obligación como ciudadano venezolano de manifestarme en contra de las elecciones para conformar una Asamblea Nacional Constituyente en los términos en que fueron convocadas por el Gobierno de Venezuela para el próximo 30 de julio.
La forma en que las autoridades de mi país han llevado adelante esta medida no hace más que avivar el conflicto nacional antes que solucionarlo. Nuestro marco constitucional vigente no ha sido respetado. A pesar de los eventos del pasado domingo, en los que millones de mis compatriotas –en Venezuela y en el exterior– expresaron su rechazo a los planes gubernamentales, los venezolanos aún no nos hemos podido manifestar públicamente a través de una consulta popular previa y vinculante. La voluntad del pueblo debe poder expresarse libremente por medio de los canales institucionales establecidos en nuestra constitución nacional.
Pido encarecidamente al Gobierno venezolano que suspenda la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente; pido encarecidamente a todos los líderes políticos sin excepción que cumplan con su responsabilidad como representantes del pueblo venezolano y se encarguen de crear las condiciones necesarias para lograr un nuevo marco de convivencia. Nuestro país necesita urgentemente sentar las bases de un orden democrático que garantice la paz social, la seguridad, el bienestar y el futuro próspero de nuestros niños, niñas y jóvenes.
No puede haber dos constituciones, ni dos procesos electorales, ni dos Asambleas. Venezuela es una sola nación, un solo país en el que cabemos todos y en donde todas las sensibilidades han de participar y expresarse libremente, sin temor a la represalia, la violencia, la inseguridad en las calles y la represión. Buscar la victoria a través de la fuerza y la imposición de las ideas propias es y será siempre una derrota colectiva para Venezuela. La única victoria posible y legítima debe darse a través de las urnas, el diálogo constructivo, la negociación y el más absoluto respeto a las leyes que nos gobiernan.
Pienso en todas las víctimas mortales de estos meses con gran angustia y dolor; no pueden imaginarse lo que me duele mi país. Pero también pienso en algunos de los eventos recientes de mi país como momentos de gran esperanza, como primeros pasos y oportunidades reales de cambio que se abren para Venezuela.
Los venezolanos necesitamos de estos momentos de esperanza para poder recuperar al fin la armonía que tanto anhelamos. Porque tener la voluntad de encontrar soluciones significa generar esperanza, significa creer en un proyecto colectivo, plural e integrador de país, significa creer en un futuro mejor para nuestros hijos. Tener voluntad de encontrar soluciones significa, en última instancia, creer en una Venezuela democrática, pacífica y alineada en la búsqueda de mejores condiciones de vida para todos y todas.
Yo creo en esa Venezuela.

El Sistema de Orquestas de Venezuela, fue creado por José Antonio Abreu hace más de 40 años. Durante la etapa política de Hugo Chávez fue impulsado económico, llegando a atender a 800.000 niños y niñas en lugares de alta conflictividad y pobreza. Hoy, la institución se resquebraja y la intromisión política de los controles del Gobierno dentro del Sistema ya es imparable. Eso está obligando a muchos de los jóvenes que lo forman a abandonarlo. El dilema actual de sus integrantes es que al depender las giras del presupuesto gubernamental, la figuras gestoras se han visto maniatadas.

La Terapia del Arte quiere agradecer a las personas e instituciones que, a través del arte, buscan la mejora de la vida de las personas que componen la sociedad, nuestras dinámicas de comunicación, los cuidados que nos damos y la jerarquía de poder que nos rodea. Arte como pegamento de nuestras grietas, artistas como generadores del cambio.

Para saber más