Bailar el agua

Chefa Alonso y Raquel Sánchez en Bailar el Agua

Música, danza e improvisación para un público diverso

Bailar el agua, es la prueba de la capacidad de integración social y de mejora terapéutica que tiene la creación artística basada en la improvisación. Chefa Alonso y Raquel Sánchez llegan a la mayoría de edad con su valiente y cuidada propuesta, única en la escena actual, dirigida a un público con diversidad funcional, en centros, residencias y espacios culturales de referencia para el público general.

Si “La función capital de la cultura, su verdadera razón de ser, es defendernos contra la naturaleza” (Sigmund Freud), uno cabe preguntarse si sus mensajeros, los artistas, consiguen hoy sacarle todo su potencial. Raquel Sánchez y Chefa Alonso llevan 17 años haciendo, pensando y repensando una propuesta escénica inteligente que se maneja en un canal inexplorado de la escena para conectar con un público muy especial y olvidado: las personas con diversidad funcional física y psíquica.

Nos adentramos en el onírico mundo de Bailar el agua de la mano de Raquel Sánchez (dirección escénica) y Chefa Alonso (dirección musical), un lugar donde los códigos de la comunicación formal se detienen, donde la improvisación manda y los estímulos nos atrapan.

Puedes ver el vídeo https://ecocarvaleting.com/

David Abril. Sesión realizada en La Casa Encendida, en octubre del 2012

Bailar el agua es, sobre todo, un trabajo exhaustivo de estimulación sensorial y emocional para personas con discapacidad intelectual”, comenta Chefa Alonso.

Los objetivos de esta propuesta son:

  • Ofrecer una actividad artística ajustada a las necesidades y circunstancias de las personas con discapacidad intelectual, creada específicamente para ellas, con vistas a mejorar su calidad de vida.
  • Potenciar el desarrollo de habilidades comunicativas no convencionales, no verbales, no solo racionales.
  • La investigación y el desarrollo de nuevos códigos y lenguajes contemporáneos.
  • Despertar la expresión de la personalidad activando zonas emocionales y sensoriales que no desarrollan los lenguajes y situaciones convencionales de la vida cotidiana.
  • Utilizar el arte como herramienta de inclusión y transformación social.
  • Promover los valores de solidaridad, intercambio, tolerancia y respeto a la diversidad.

 

Bailar el agua es una propuesta escénica para centros y residencias, pero también en salas de cultura (ha sido programado en La Casa Encendida de Madrid, etc. en varias ocasiones). Sobre todo, no se queda en una experiencia momentánea: en el C.A.M.P. de Getafe, ha sido realizado dos veces al mes durante muchos años, tendiendo un puente entre las personas atendidas y los monitores “Esa continuidad tuvo un enorme sentido para el centro y para nosotras y propició la comprensión mutua de que una estimulación y una comunicación artística más profunda, más comprometida, eran posibles”, comenta Raquel Sánchez.

De izquierda a derecha: Jorge Frías, Chefa Alonso, Ana Erdozain y Raquel Sánchez
De izquierda a derecha: Jorge Frías, Chefa Alonso, Ana Erdozain y Raquel Sánchez

Inteligencia en escena: Un reto también para los artistas

Bailar el Agua es una experiencia basada en la improvisación, aunque su estructura está pensada, ensayada y definida. “Más que una narrativa, lo que hay es una sucesión de «escenas» contrastadas que contienen distintas calidades, ambientes, texturas, actividad, tempo y que son transformables por el público o por nosotras mismas, si el momento lo precisa”, aclara Chefa Alonso.

A través de la integración de diversas disciplinas, Bailar el agua utiliza la improvisación como metodología esencial y se alimenta de la necesidad natural de este público de moverse y producir ruidos, incluyendo estos acontecimientos en la construcción de la pieza. De esta manera se produce una alerta recíproca que permite la comunicación.

Para el público con discapacidad intelectual severa, la comprensión del silencio y la quietud en un espectáculo es muy difícil, por ello en muchas ocasiones quedan fuera del panorama de la oferta cultural.

Música, movimiento, texturas, contrastes… Un espectáculo que se centra en el lenguaje pre-verbal, donde aún no hay tema, no hay cuento, no hay historia. Lo anterior a la palabra: el gesto, la respiración, la alerta, lo rotundo y lo frágil, lo dulce y lo violento… permiten que este público conecte instantáneamente con la propuesta. “Precisamente  su capacidad de comunicar con público con discapacidad intelectual radica en no enfocarse en lo  narrativo o en lo temático, pues esto son reflexiones y conceptos extraídos de vivencias y Bailar el agua se sitúa en un plano anterior, más primitivo, se sitúa en las vivencias mismas, sin explicarlas, ni tan siquiera intentar comprenderlas” comenta Raquel Sánchez.

Momentos de una actuación de Bailar el Agua
Momentos de una actuación de Bailar el Agua

Pero estas no son reflexiones de las que parta un artista por el simple hecho de serlo. Se necesita una capacidad de escucha, de interacción y conocimiento de uno mismo y del otro para poder entender que los límites escénicos son construcciones artificiales “Trabajar con y para personas con diversidad funcional te va a hacer cuestionar muchas cosas y dar a otras el valor que desconocías que tienen. Nada de esto te lo van a contar en un Conservatorio” afirma Chefa Alonso.

A los intérpretes que se interesan por Bailar el agua les digo siempre lo mismo: Si quieres venir a verlo, no te dejamos, si vienes, tienes que vivirlo desde dentro” Y les hacemos ensayar y trabajar con nosotras en algún instante de la presentación; La experiencia siempre desencadena conmoción, muchas preguntas y reflexiones; y es que un público que no oculta sus sentimientos y que responde de manera visible a lo que propones (lo mismo te dan la mano y se pasean contigo por la sala que te dan una patada, cantan, gritan o lloran, y nunca cuando lo esperas …) nos enseña mucho sobre la esencia de lo escénico y sobre los procesos de movilización que desencadena el arte”, reflexiona Raquel Sánchez.  

De izquierda a derecha: Raquel Sánchez (danza y música), Chefa Alonso (Música) y Ana Erdozain (Danza)
De izquierda a derecha: Raquel Sánchez (danza y música), Chefa Alonso (Música) y Ana Erdozain (Danza)

 

¿El siguiente paso? Un público mixto, para poder visibilizar las realidades que están ocultas, un espacio compartido para acercar las realidades diversas. “Lo ideal sería poder hacer este espectáculo para un público mixto, es decir donde haya todo tipo de personas, como en la vida misma. Todos somos diversos funcionales en mayor o menor grado” finaliza Chefa Alonso.

Y esto es absolutamente cierto: salir el mundo real después de participar en esta experiencia, es un acto de valientes para todos nosotros.

¿Interesado/a en esta propuesta? Puedes contactar con Chefa Alonso y Raquel Sánchez.

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Para saber más