Cuentos de Tokyo

Cuentos de Tokyo, cine real y profético
 

Fotograma de los Cuentos de Tokyo, en primer plano el matrimonio Hirayama en casa de su primogénito.

En 1953, hace ya 66 años se rodó esta película, que está considerada uno de los mejores films de la Historia del Cine. De hecho, la prestigiosa revista cinematográfica Sight and Sound le otorgó en 2012 el honorífico premio de la mejor cinta de todos los tiempos tras una encuesta realizada entre directores del Séptimo Arte.

En 2013, se hizo un remake que apareció en España con el título Una familia de Tokyo. Ambas son deliciosas, la primera contando con el plus de ser la pionera. Pero es como si tuviéramos que elegir entre Primera plana de Billy Wilder de 1974, y His Girl Friday de Howard Hawks de 1940.

Imagen de La familia de Tokio.

El director Ozu junto al guionista Noda crearon un retrato de la sociedad japonesa de principios de la década de los cincuenta, que, con sus matices, sigue vigente hoy no solo en Japón sino en el mundo Occidental. Esa descripción muestra a los cónyuges Hirayama visitar a sus tres hijos que viven en Tokio. Por primera vez en sus vidas, se desplazan desde la pequeña ciudad costera de Onomichi donde viven -en la prefectura de Hiroshima-, hasta Tokyo. Es un cambio de 180º. Del mundo rural y pecuario, donde la mayoría de los vecinos se tratan y conocen, a la frialdad, el anonimato y el estrés de la vida en una macro urbe. Es curioso porque el fenómeno de las aglomeraciones que Ortega y Gasset describió a mediados de los años veinte en La rebelión de las masas, se muestra en toda su magnitud tanto en la versión original de 1953 como en su segunda recreación de 2013.

Estas cintas nos invitan a reflexionar sobre el sentido de la vida personal, familiar, intergeneracional y social. Es un canto poético, narrado a través de imágenes, diálogos y silencios al reencuentro de la persona consigo misma y con sus circunstancias, en un mundo ya entonces ensimismado en el progreso laboral y económico, dejando en un lugar secundario las relaciones humanas familiares, de amistad y vecinales. La deshumanización de la sociedad y de la familia se aprecia con total nitidez. Por ello no es de extrañar que hoy en todo el mundo la soledad no solo de los abuelos sino también de muchos adultos se haya convertido en un problema mundial. ¿Está cada uno dispuesto a revertir esta situación? ¿Te has planteado cómo quieres vivir y convivir cuando llegues a anciano?

En las respuestas que les demos a estas cuestiones y en cómo las afrontemos, estaremos diciendo el tipo de persona que cada uno es, y el modelo de convivencia social al que aspiramos. Están en juego la felicidad y los mejores valores humanos.